Sociología de la carrera sociología
Alguna vez el Dr. Amílcar Rubén Gorostarriechea, pequeño burgués que supo lidiar con su situación objetiva de clase, muy acertadamente definió a la carrera de sociología –parafraseando a Lenin- como “la malformación fetal del comunismo”[1], ya que notó que por sus propias particularidades, quienes estudian esta carrera tienen la propensión a radicalizar sus matrices de pensamiento e ingresar tempranamente a las filas del marxismo más infantil. Una vez más Gorostarriechea, cual monitor ecográfico que muestra la clara imagen de un niño en gestación, no se equivocó, el infantilismo reinante de la carrera es lamentable y aumenta de manera alarmante. Pero el problema es que, además, esta malformación se ha extendido hacia otras carreras, tanto es así que el mismísimo Gorostarriechea ha advertido del peligro de pandemia de esta enfermedad si no se toman las medidas precautorias necesarias.
La situación de sociología es fácilmente comprobable al observar la cada vez mayor adhesión y simpatías que ha obtenido la agrupación que conduce –por cierto de manera burocrática- la coordinación de esta carrera, Espartaco (ayer En Clave Roja), brazo estudiantil del COR (ayer integrantes del Partido de los Trabajadores al Socialismo). Este florido jardín de infantes del comunismo no ha hecho más que enquistarse dentro de la coordinación de la carrera utilizándola como plataforma para el crecimiento partidario, sin tener un proyecto concreto para la carrera. Es decir, que la tenencia de este espacio no tiene como fin para ellos generar mayor participación y debates pertinentes a los problemas de la carrera, sino que sólo sirve a los intereses corporativos del partido, siendo utilizado como medio de expresión y ejecución de una línea política y una estrategia generada desde afuera de la universidad. Estos compañeros, como gustan llamarse entre sí, que se precian de democráticos y reclaman apertura y participación no dudan en llevar a cabo, circulando a contramano de la voluntad de los estudiantes de la carrera, acciones oportunistas, como fue hace dos años el caso de la elección para la dirección de carrera, donde se ubicaron, como históricamente lo han hecho, en la vereda de enfrente de los sectores que luchan por una mayor y verdadera democratización, al mandar a votar en blanco e implícitamente apoyar al candidato del sector que durante años monopolizó y corporativizó ese importante espacio utilizándolo con fines personales.
Uno puede tal vez llegar a pensar que todos tenemos derecho a equivocarnos y olvidar este tipo de asuntos, pero cuando estas prácticas se vuelven sistemáticas, normales o naturales surge la pregunta de por qué lo hacen. ¿Por qué cometen tantos errores, por qué incurren en prácticas improductivas y funcionales a quienes pretenden combatir? En el capítulo cuarto de su ya citado trabajo, Algunos ensayos y muchos errores, y bajo el provocador título Perdónalos León, no saben lo que hacen, nuestro maestro Amílcar nos habla acerca del trotskysmo y del izquierdismo en general[2]. En dicho trabajo parasociológico, sin métodos científicos rigurosos pero con una envidiable claridad, nos describe con minucioso detalle las características de estos agrupamientos políticos a los que reclama, ingenuamente[3], "el no haber estado nunca en el lugar indicado en el momento preciso y acusa de haber actuado siempre en función de los intereses contrarios de los sectores a quienes dicen representar".
Veamos cuáles son los principales rasgos y características del izquierdismo argentino que Gorostarriechea enumera:
Negación de sus orígenes de clase: En primer lugar y aunque lo nieguen y esto les genere problemas existenciales con su ser –de izquierda- provienen grosso modo de la llamada pequeña burguesía, del mismo modo que la mayoría de los estudiantes universitarios y que la mayoría de los integrantes de los partidos de izquierda, cuestión que ha sido una característica histórica de la izquierda vernácula. Esto quiere decir que por más que reivindiquen a los trabajadores y se crean o disfracen de ellos, sus condiciones materiales de existencia son absolutamente diferentes a la de aquellos, ya que en su gran mayoría sus necesidades básicas están satisfechas a través de los ingresos – por medio de profesiones liberales- de papá y/o mamá, o en otros muchos casos son militantes rentados por sus organizaciones. –“Ahhh, por eso son trabajadores, trabajan de militantes”, expresa en tono sarcástico Amilcar[4]- Esto de alguna manera les da la ventaja de tener tiempo suficiente para estudiar, para leer y formarse –o deformarse-, para estar todo el día en las facultades diciendo representar a los trabajadores, lanzando acusaciones, denuncias infundadas, consignas o frases hechas, y jugar a que son los sicarios que dan el tiro de gracia al capital, a quién luego entierran coronando la revolución. "Si así lo hicieran –asevera socarronamente Gorostarriechea- cómo estos no saben utilizar una pala se darían hasta el lujo de contratar un par de peones para que hagan el trabajo sucio, luego tratarán de convencer a ambos simpatizantes de Perón y Evita para unirse a su sociedad sin clases, estos en su lugar primero querrán cobrar por su trabajo (bajo el lógico argumento primero comemos después filosofamos) y al no llegar a un acuerdo ambos serán acusados bajo el cargo de 'carneros' y 'contrarevolucionarios', y serán ajusticiados de algún modo".
Dogmatismo: defienden una lectura particular y ortodoxa del marxismo occidental, la que repiten de memoria y aplican de manera mecánica en cualquier contexto y lugar. Sólo hay para ellos una forma de pensar y actuar sobre la realidad, esa forma está escrita: es la palabra sacralizada de Marx y Engel, y sus apóstoles Trotsky, Lenin, etc. que debe ser defendida de los traidores como Stalin o la II Internacional , pero también de otros como Gramsci, etc . Esta palabra sagrada, donde no hay lugar para los matices, es negro o es blanco, los guiará inexorablemente hacia la tierra prometida, el socialismo. Convierten de este modo al marxismo, que deja de ser un pensamiento transformador, en un pensamiento único de izquierda, similar en este sentido al pensamiento único neoliberal.
Irracionalismo apasionado: Sus posiciones y argumentaciones son expresadas y defendidas a través de mecanismos cercanos al fanatismo religioso y a la pasión futbolera, sin dejar lugar a la reflexión y el diálogo con sus interlocutores.
Sectarismo: Soportan una sola forma de pensar y de actuar, sus teorías y sus métodos, lo demás es obra de elementos atrasados a los que, ellos como vanguardia, les mostrarán el camino correcto; o es obra de traidores, tramposos, oportunistas, enemigos de la clase obrera, etc.
Autoritarismo: Nunca debaten, imponen. Sus principales armas son el arrebato verbal y el atropello discursivo avasallante.
Asamblearismo: nadie niega que una asamblea en ciertas condiciones puede llegar a ser el espacio más democrático para tomar desiciones, ahora no toda reunión por el sólo hecho de tener forma de asamblea es automáticamente democrática. Estos “compañeros” fetichizan a la asamblea como el espacio más democrático de debate y toma de desiciones, pero al mismo tiempo no debaten sino que tratan de imponer y ganar la discusión a través del monopolio de la palabra, con su dialéctica autoritaria, selemne, etc, y de actitudes fundamentalistas de acusar o señalar como enemigo o carnero a quien no comparte sus métodos, propuestas, etc. Aprovechan los microclimas de movilización, discusión y radicalización para que sus posturas tengan impacto. Tienen, en el caso de las asambleas universitarias, a la toma de facultad o edificios como propuesta única y fundamental, sin importar el tipo de coyuntura, reivindicación, etc. Dicha propuesta tiene un fin no explicitado: la posibilidad de acercarse a militantes de otras organizaciones o estudiantes movilizados poco formados y propensos -por su matriz ideológica- a la radicalización ultrairracional izquierdista. De este modo tratan de sumar a su organización, sin importarles luego si la toma fue o no efectiva para ganar una lucha y obtener beneficios o lograr que no se impongan ciertas medidas que van contra los intereses de los estudiantes.
Divisionismo: En más de una oportunidad será posible escucharlos reivindicarse como divisionistas, ya que creen tener la potestad de señalar con el dedo quienes son verdaderos luchadores de su causa y quienes no, utilizando el recurso fundamentalista “quien no está conmigo está contra mi”. Este divisionismo es empíricamente fácil de demostrar, sólo basta con ver la cantidad de grupúsculos, partidos y agrupaciones que se embanderan tras la misma denominación, proclaman las mismas reivindicaciones, utilizan el mismo lenguaje y similares metodologías, pero siempre terminan actuando separadamente, generalmente por diferencias mínimas. Otro de los grandes aciertos de Gorostarriechea fue afirmar que “allí donde haya tres militantes trotskystas habrán cuatro partidos diferentes”[5]. Resulta un ejercicio tragicómico leer la prensa de estos partidos, en la cual dedican enormes espacios a denunciar, chicanear, burlarse irónicamente, y a veces hasta a denigrar a sus pares de las otras fuerzas, para luego en alguna página del mismo pasquín convocarlos a la “unidad de la izquierda”.
Verticalismo: si bien reclaman a los cuatro vientos la horizontalidad y la democracia de los espacios de participación, sus organizaciones son manejadas verticalmente, siendo sus principales referentes o dirigentes –generalmente viven en Bs. As.- quienes deciden las estrategias, las tareas, las consignas, etc. que luego serán acatadas orgánicamente por la militancia y aplicada mecánicamente en cada rincón del país donde actúan.
Oportunismo: sus reivindicaciones, críticas, consignas, etc. son planteadas de acuerdo a su situación objetiva dentro de cada correlación de fuerzas. Así ante un proceso electoral si esta situación es desfavorable, denunciarán la elección como una trampa y llamarán a votar en blanco o presentarán un voto programa; pero si esa correlación es favorable presentarán sus candidatos sin chistar. (Ver como ejemplo el caso de las elecciones de consejeros del año 2005 en la facultad de Artes donde El Clave Roja (hoy COR), como no le daba el cuero para disputar, apareció con la tradicional denuncia del carácter antidemocrático de los consejos y llamó a votar su voto programa, mientras que en Ciencias Políticas, donde vienen teniendo un crecimiento sostenido, abandonaron aquella práctica y presentaron a sus candidatos sin decir ni mu).
Solemnidad: sus discursos mixturan la verborragia encendida de arengar o increpar a sus auditorios, o a parte de ellos, con la apelación a situaciones emotivas, ejemplificadoras, donde se nombra al mártir de turno cuya hazaña servirá para señalarnos el camino a seguir hasta que aparezcan nuevas hazañas y nuevos mártires. En el discurso siempre tienen un ejemplo a más de 800 o 1000 km -Zanón, UNAM, Bolivia, Praga, etc.- pero nunca son capaces de dar el ejemplo en la práctica aquí y ahora.
Actitudes paranoicas y ezquizoides: tendencia a ver complots y conspiraciones por todas partes, a realizar acusaciones infundadas y a considerar de potencial traidor, enemigo de la causa, etc., a todo militante que no pertenezca a su agrupación ni piense o actúe como ellos.
Parasitismo: adoptan como forma de captación de militantes el trabajo puntualizado sobre aquellos estudiantes que participan activamente en alguna agrupación, generalmente llamadas “progresistas o “de izquierda”. Estos no debaten ni tratan de convencer al estudiante común ni a las fracciones más conservadoras. (Ejemplo, donde no existen previamente agrupaciones de “izquierda” o “progresistas” ellos no tienen existencia -caso Ingienería, Económicas, Derecho- esto es porque sólo discuten con la izquierda y porque necesitan de este tipo de organizaciones para que el discurso se instale y sus argumentos comiencen a tener sentido).
Aparateadores y manipuladores: Es común en ellos deslegitimar y combatir por todos los medios cualquier espacio, práctica o acción que no sea capitalizada y conducida por ellos. Gustan de sabotear actividades organizadas por otras agrupaciones, a las que asisten no para debatir ideas sino para sentar e imponer a los demás asistentes su posición y lanzar de paso alguna propuesta cual si estuvieran en un espacio donde se toman decisiones.
Conservadurismo: Al fin y al cabo sus prácticas autoritarias, oportunistas, parasitarias y aparateadoras terminan dividiendo y atomizando todo espacio de participación, -ver lo que ocurrió con las asambleas populares en Bs.As. surgidas luego del 19 y 20 de diciembre de 2001, siendo de esta forma sus acciones funcionales a la derecha, al imperialismo, etc.
Notas:
[1] Gorostarriechea, Amilcar R., “Algunos ensayos y muchos errores. Autocríticas de un medio pelo en sí y para sí”, pág 301. Ed. Pequebú, Guaymallén, 1999
[2] Luego ampliado en su posterior trabajo, desde una óptica bourdieuana, “Un juego de niños. El campo del izquierdismo argentino” (Ed. Los Tilingos, Mendoza, 2001), con el cual se ganó el repudio definitivo de todo el arco izquierdista argentino, llegando incluso a lograr algo que muy pocas veces ha ocurrido en la historia nacional, reunir a más de veinte fracciones de esta tendencia (incluidos el PO, POR, PTS, MST y MAS) en un acto único frente a su casa en Alto Dorrego. Vale la pena aclarar que Amílcar logró escabullirse desde la misma puerta de calle de su vivienda apenas 15 minutos después de comenzado el acto, gracias a que los insultos y acusaciones que se propinaban entre sí las distintas agrupaciones distrajo a los repudiantes. Hubo además una campaña dónde desde los afiches y volantes se pedía, en lugar de su liberación –como es habitual- su encarcelamiento. Dejando lo anecdótico de lado, recomendamos ampliamente esta delicia sociológica, que hoy sería envidiada por el mismísimo Pierre Bourdieu, en la cual realiza un profundo estudio antropológico analizando desde los rituales, costubres, y símbolos hasta las relaciones sentimentales, relaciones sexuales, vestimenta, comida, etc. de las más diversas fracciones izquierdistas vernáculas.
[3] Hay que decirlo, Amílcar R Gorostarriechea en muchas oportunidades ha sido bastante zonzo, su inevitable condición de clase media argentino lo condujo muchas veces a pensar y actuar como un palangana.
[4] “Chateando con Amílcar”, entrevista vía MSN publicada en Boletín La Patraña Pequeño Burguesa, nº extraordinario, abril del 2004.
[5] Gorostarriechea, A. R, op. cit., pág. 331.